‘Moscas’, de Fernando Eimbcke: fábula de la mujer solitaria y el niño Cosmic Defender
2 de julio, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Olga vive una soledad impecable. Nada le alegra, nada le duele. Gasta los días frente a la computadora con el sudoku, pero tiene problemas económicos y se le ocurre alquilar una habitación de su departamento, para personas que tienen familiares enfermos en el hospital de enfrente. Ahí llega Tulio, que su mujer está lidiando con el cáncer. Y como caballo de Troya infiltra a su pequeño hijo Cristian. Vienen gritos, corretizas, impertinencias; pero a Olga podría devastarla más la frescura del niño.
Fernando Eimbcke ha puesto nuestra mirada y nuestro emoción en sus personajes adolescentes y sus historias de crecimiento: lo mismo los desvergonzados muchachos que pasan un domingo de ocio en Temporada de patos (2004), que el muchacho errante de la carretera en Lake Tahoe (2008), o los adolescentes que se van enamorando en un balneario, en Club Sandwich (2013). En Moscas explora extremos: una mujer madura sola e imperturbable, junto a un niño escandaloso, que quiere volverse el amo del videojuego Cosmics Defenders Pro. También hay un padre asediado por los deudas y, en el fondo, una madre que busca sobrevivir al cáncer.
Moscas estrenó en la 76° Berlinale, donde ganó el Premio del Jurado Ecuménico. Ahora se presenta en salas del circuito cultural de México. Fernando Eimbcke nos platicó sobre estas nuevas miradas que propone en Moscas: un diálogo con el cine clásico, el humor y el melodrama.
Conocemos tus historias de adolescentes descubriéndose a sí mismos. Ahora regresas con niños: Moscas es la historia de una mujer solitaria y un niño que la descoloca, ¿cómo fue esa transición?
Esta historia nació hace 22 años; Alejandro González Iñárritu me invitó a una serie de televisión. Pensé ideas. Pasé por Avenida Coyoacán, cerca de los multifamiliares y el Hospital 20 de noviembre. Vi un letrero que decía: "Se alquilan habitaciones para familiares de pacientes del hospital." Pensé, ¿qué pasa si alguien renta esta habitación? Esa persona tiene a alguien en el hospital, hay una situación de dolor. Escribí el guion en dos días, eran 45 cuartillas. Después la serie no se realizó y 18 años después encontré el archivo en mi computadora. Le pregunté a Alejandro si lo podría usar, me dijo: "Sí, es tuyo."
Moscas tuvo que esperar todo ese tiempo, fue un proceso de madurez. Durante ese tiempo estuve en Berlín y leí mucho, vi muchas películas clásicas que ya había visto pero que cuando regreso a ellas, digo: “No, no la había visto bien." Fue una reeducación; regresé con mucha hambre de filmar.
En Moscas destaca Bastian Escobar, un chamaco rebeldísimo, parece que va tres pasos adelante de la película y de todos, habrá sido interesante trabajar con él.
Nos volteó el cerebro a todos. El casting lo hizo Marco Aguilar, él les daba indicaciones a los chicos y ellos lo hacían. A Bastian le pidió algo y no lo quiso hacer, o lo hizo como quiso. Ahí descubrí personalidad y carácter. En el set fue un reto trabajar con un niño con tanta actitud. La productora Erendira Nuñez me preguntó si necesitaba un acting coach. En mi soberbia le contesté que antes había trabajado con adolescentes, que no necesitaba un acting coach. Al segundo día le hablé y le supliqué que me trajera a alguien. Entonces llegó Francia Castañeda. Pero todo el crew trabajó alrededor de Bastian.
Eréndira le pidió al crew que jugaran con él, para apartarlo de la tablet. María Secco llevó crayolas, plumones, papel; otros llevaban plastilina y juguetes. Abajo del departamento donde rodamos teníamos el basecamp. Bastian subía y bajaba y era un juego, una cosa continua.
Cristian es un gran antagonista. La protagonista es Olga, que quiere mantener su coraza, su tranquilidad. Y llega este antagonista, perfectamente armado con su fantasía, su inocencia, a destruir esta coraza.
Teresa Sánchez debe ser de las actrices mexicanas más importantes del momento, por su amplitud de registros...
Estoy convencido de que el guion que escribí hace veinticinco años la estaba esperando. La conozco desde sus trabajos con Nicolás Pereda y mi admiración creció cuando la vi en La camarista, de Lila Avilés. Para ella, lo importante es la historia, sabe que es algo mucho más grande que todos nosotros. Me ayudó muchísimo a trabajar con Bastian.
Se hablará menos, pero también es importante el trabajo de Hugo Ramírez, que interpreta a Tulio, el padre de Cristian. Es un pícaro, contiene su dolor y es divertido, empático con el hijo. Es un mexicano que sobrevive...
Hugo tiene formación de teatro. Conocía a Bastian, son vecinos y amigos en Tehuantepec. Fue importante saber que el niño podía estar en el set con un amigo.
Compartí con Hugo dos películas: El ladrón de bicicletas de Vittorio De Sica y El chico de Charles Chaplin. Siempre me ha fascinado esta película de Chaplin porque son estos pillos, y eso era importante en la película. Al pobre Hugo lo traía sofocado con las diferencias entre el teatro y el cine, con decirle: “a ver, repítelo otra vez, pero igualito, debes estar muy concentrado con la continuidad”. Es repetir la misma acción una y otra vez, y si varía algo nos hacemos bolas. Para él a veces era frustrante. Para él y Bastian fueron procesos complicados.
Me gustó la toma donde Hugo le explica a su hijo Cristian la enfermedad de su madre. Sube la cámara y al final vemos las luces del hospital, adivinamos que ahí está ella.
El niño tenía diálogos hermosísimos. Después del segundo día, le dije a Vanesa: "Tenemos que eliminar los diálogos y buscar acciones claras y precisas”. Pero en esa escena era importante el diálogo largo. Era complicado, ni un actor profesional se lo hubiera aprendido. Lo hicimos en off. Y con María Secco creamos la escena con pocos elementos. Ellos están acostados, solo vemos sus hombros, el dedo del padre acaricia al hijo, y el diálogo lo leyó Francia Castañeda con el ritmo y la cadencia que queríamos. Esa fue la estrategia.
En Moscas hay mucho cine clásico. El prólogo parece una escena de La pantera rosa. Hay un diseño de escenas cuidadas, memorables, que quiero ver en cinco o diez años, como ocurre con muchas escenas de Temporada de patos.
Yo crecí con La pantera rosa. Es alucinante, todavía pienso en el episodio donde luchaba contra una mancha azul. Y ahora que hablabas de cine clásico, cuando descubrí el cine ya era muy tarde en mi vida. En la escuela, maestros como Ayala Blanco nos puso Pickpocket de Bresson y no entendí nada. Con el tiempo la revisité y le agarré mucho amor. Eso me llevó a fascinarme con sus Notas del cinematógrafo, también volví a ver Ladrón de bicicletas, que es una enorme influencia de esta película. Moscas es un homenaje al cine clásico. Me gusta Bresson, tengo notas y papelitos, aunque no he visto todas sus películas. Es como si no estuviera listo para verlas. Tampoco conozco toda la cinematografía de De Sica.
Temporada de patos era tu innovación y tu experimento; Lake Tahoe se subía a la tendencia del momento del plano abierto y el minimalismo. En Moscas conversas con Tati, con el melodrama...
Un cine que vi de joven fue el de Jarmush, él cambió la manera de hacer cine de una generación. Y Temporada de patos la hicimos con mucha inconsciencia, la vuelvo a ver y no sé cómo la hicimos ni cómo poníamos la cámara. Pero también, en Temporada de patos el plano abierto fue mi incapacidad de fragmentar. Pensaba la escena en un solo plano, por eso fue tan difícil editarla, porque eran escenas completas.
En Moscas no puedes hacer una secuencia larga con un niño. Tienes que llegar al set con tu lista de tomas. No puedes hacer una secuencia que te lleve dos días, debes replantear. Y también montamos en el rodaje, cosa que nunca habíamos hecho.
Sobre el melodrama: de niño veía muchas telenovelas, las ponían mis hermanas mayores y de ahí aprendí a amar el melodrama.
Quería preguntarte sobre la tecnología, ahora estamos rodeados de presencias virtuales, de la IA, pero tú recuperas un momento vintage, la práctica del videojuego que es rasgo de carácter de Teresa o de Cristian, el videojuego es una entidad que gravita en Moscas.
No sé por qué tengo una obsesión con los videojuegos. Están desde Temporada de Patos. Creo que mi deseo era jugar videojuegos, andar en patineta, no sé por qué, y entonces es mi obsesión. Por ejemplo, el sudoku que hace Olga. No queríamos que fuera un celular porque las redes sociales son una ventana demasiado amplia, el sudoku funcionaba mejor con el personaje. Y también me identifico con esa tecnología: muchas veces estoy con el teléfono hasta las ocho de la noche y hay una gratificación inmediata pero después provoca un vacío. No es lo mismo cuando veo una película completa o escucho un disco completo, o leo unos buenos capítulos con un libro, que te deja el espíritu rico. Comparto eso con Olga. También tengo conflictos con la ciudad, con el caos. También soy ese personaje.
Tu película del año pasado, Olmo, habla de un chico cuidando a su padre enfermo. Y en Moscas hay otro chico, hospedado frente a donde está la madre enferma. Tus anteriores películas son exploraciones adolescentes, el crecimiento, ahora agregas la posibilidad de la enfermedad y la muerte.
Mi guionista Vanesa Garnica y yo somos amigos desde los 14 años. Tuvimos muchas experiencias con esas situaciones de familiares y hospitales. Yo necesitaba sentirme acompañado para entrar en este universo del dolor. En algún momento en Berlín leí esto de Óscar Wilde: "Donde hay dolor hay un lugar sagrado." Fue honrar este lugar sagrado y entrar con cuidado, delicadeza y respeto. No es manipular al espectador, pero sí explorar el dolor, que también nos conecta como seres humanos. Queremos que nos vaya bien y que todo sea increíble, pero en tu vida el dolor es lo que más te deja, lo que va a detonar tu humanidad.
También te acercas con humor y el humor es una de las mayores muestras de respeto. La gente que respetas, que admiras, si puedes tener un intercambio de humor es de las cosas más bonitas. Es acercarse a los personajes al mismo nivel, el humor te permite eso. A mí me encanta la escena de Olga como La pantera rosa y me encanta reírme porque me veo ahí, me río de mí mismo. Es una especie de catarsis. La catarsis empieza en esta historia desde el principio, hasta llegar a ese final más melodramático.
Moscas (México, España, 2026). Director: Fernando Eimbcke. Guionistas: Vanesa Garnica, Fernando Eimbcke. Productores: Eréndira Núñez Larios, Michel Franco. Fernando Eimbcke. Productores ejecutivos: Daniela Leyva Becerra Acosta, Luis Collar, Jorge Moreno. Coproductores: Hugo Sigman, Matías Mosteirin, Diego Copello. Cinefotografía: María Secco (AMC). Edición: Salvador Reyes Zúñiga, Fernando Eimbcke. Diseño de producción: Alfredo Wigueras. Diseño de vestuario: Gabriela Fernández. Casting: Marco Aguilar. Mezcla de sonido: Anuar Yahya Valdovinos. Diseño de sonido: Javier Umpierrez. Música: Camilo Lara. Compañías productoras: Teorema, Kinotitlán, Compañías coproductoras: K&S Films, Nephilim Producciones. Reparto: Teresa Sánchez, Enrique Arreola, Hugo Ramírez, Bastian Escobar.